El Gobierno Central ha de poner límites a la capacidad de endeudamiento de las Comunidades Autónomas y de los ayuntamientos.

La mitad de los recursos económicos del Estado los administran las Comunidades Autónomas (42´1% del Presupuesto 2010 a lo que hay que añadir otros tipos de gastos “indirectos”) y el resto de entes territoriales del país. La deuda se extiende desde los municipios al Gobierno Central del país. Que sólo se intenten reducir los gastos de la “mitad” de un conjunto económico como España, no es eficiente ni tiene la efectividad que la coyuntura económica actual necesita. Es necesario poner límites, no sólo al gasto del Gobierno, sino al de las Comunidades Autónomas, Provincias y municipios, pues al fin y al cabo, la deuda de un país es el conjunto de deuda de sus componentes y no solamente de una parte. Es decir, no vale con sanear la mitad de la economía.

Las nuevas medidas que se promueven desde el aparato administrativo central van orientadas, en buena medida, al recorte del gasto y reducción del déficit y la deuda pública, cosa a todas luces imprescindible, como también lo es que no sólo se han de reducir la deuda y el déficit centrales sino también el dell resto de entes nacionales, donde, en muchos casos, las situaciones de inestabilidad son más severas que en el conjunto del país.

Desde la base, en la que hasta los pequeños municipios tienen deudas demasiado elevadas hasta en las diferentes Comunidades Autónomas, todo es deuda. La financiación de la mayor parte de proyectos procede del endeudamiento y una gran parte de lo recaudado por estos entes, simplemente se destina a pagar intereses derivados de las excesivas deudas contraídas. No es admisible, así como tampoco es efectivo, un intento de recorte del gasto por un lado, mientras que por el otro este gasto es del todo excesivo, pues los beneficios de la primera medida se verán contrarrestados por las consecuencias nocivas de la segunda. Y es más, la compensación entre una actuación de contención y otra de “derroche”, tenderá siempre hacia lo negativo, como se puede comprobar con la situación económica actual.

No es poner puertas al campo intentar limitar la capacidad de endeudamiento de las administraciones territoriales. Como tampoco lo es entender que la reducción de la deuda pública es cosa de todos y no sólo de la mitad. No es tiempo de promesas y rimbombantes proyectos de obra pública, es tiempo de contención y saneamiento de las cuentas. A mayor presteza en la toma de medidas, menores desequilibrios y más rápida recuperación de la economía en beneficio de todos. Del primero al último.

Fuente:
“Libro amarillo”

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