Tras la Ley antitabaco se deberían bajar los impuestos especiales del tabaco

Los impuestos especiales que se aplican a ciertos productos como el alcohol o el tabaco vienen explicados por las consecuencias negativas que se derivan de su consumo y que no están realmente incluidas en el precio. Por ejemplo, los impuestos especiales sobre el tabaco se deben a que el precio del bien es muy inferior al coste que tiene para la sociedad en su conjunto. En el tabaco no sólo se paga el producto sino los perjuicios que se derivan de su consumo. Si los perjuicios derivados del consumo bajan, también lo deberían hacer los impuestos especiales que gravan el bien pues estos impuestos estaban motivados por un perjuicio que ha dejado de existir en parte.

En economía existe un término para denominar a los bienes como el tabaco y que justifican su mayor gravamen. Se dice que estos productos provocan una “externalidad negativa” (también las hay positivas, el ejemplo típico de este tipo es el de un negocio de apicultura junto a otro de árboles frutales) y para compensar el problema que causan sufren una carga impositiva mayor. Ahora desde la implantación de la Ley antitabaco, los perjuicios del tabaco son menores pues se reduce la población expuesta a los posibles daños que conlleva el consumo.

Si un bien está sobregravado para compensar los problemas que provoca y parte de esos problemas desaparecen, a la par deberían reducirse los impuestos proporcionalmente a la merma del perjuicio. En caso contrario, el impuesto especial aplicado pierde su sentido, pues no intentan compensar los problemas derivados del consumo sino simplemente tiene afán recaudatorio per se, y para eso ya está el IVA.

Evidentemente, los impuestos sobre el tabaco no se reducirán y presumiblemente irán a más con el fin de desincentivar el consumo paulatinamente ¿O con el fin de incrementar los ingresos fiscales reduciendo los gastos derivados del consumo?

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  1. #1 por forensicpsy el febrero 9, 2011 - 9:59 pm

    El problema no es sólo que no vayan a disminuir esos impuestos especiales que engordan el precio del tabaco dados los agravantes que de por sí conlleva la sustancia y que “supuestamente” (eso nos dicen) van a verse reducidos, sino que van a recaudar aún más de manera colateral mediante la venta de medicamentos u otros artefactos (cigarrillos electrónicos, parches, etc.) que serán, en buena medida, pagados por los fumadores que puedan verse obligados o, cuanto menos, presionados, para dejar de fumar, medicamentos que no son en absoluto baratos.
    Y es que lo que llama la atención especialmente sobre el afán recaudatorio del Estado es que ha aprobado una propuesta de Ley que sólo contempla la parte sancionadora y, por supuesto, punitiva a base de sanciones pecuniarias (claro) del problema que quieren erradicar, sabiendo que se están enfrentado a una enfermedad crónica producida por una sustancia adictiva. ¿Dónde están los programas de tratamientos, las terapias, los psicólogos? ¿En qué parte se incluyen las ayudas a los fármacos correspondientes? ¿Donde se están organizando y llevando a cabo las campañas reales de prevención? Una buena ley no puede sólo encargarse de regular un comportamiento, también tiene que dar cuenta del antes y el después, de la prevención y del tratamiento, pero en este caso no lo veo. ¿Incentivamos la deshabituación o incentivamos la denuncia entre particulares? O lo que es lo mismo, ¿les importan realmente nuestros fumadores o les importan sus bolsillos?

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