Publicidad para acabar en España con la “cultura” de la evasión y el fraude fiscal

Uno de los males endémicos de la economía española son los elevados niveles de evasión y fraude fiscal que minan las cuentas públicas. Existe un consentimiento implícito arraigado en la sociedad española que exime a estos delitos de la verdadera naturaleza del problema y de sus graves repercusiones. Esta situación acaba siendo contraproducente para todos los ciudadanos y no sólo para quienes sí cumplen con sus labores tributarias sino también para quienes no lo hacen.

Los individuos que evaden impuestos lo hacen en función de su aversión al riesgo, es decir, en función de las posibilidades que existen de que les “pillen” y en función de lo que consideren que compensa defraudar o no en relación con el peligro de hacerlo y lo beneficios de llevarlo a cabo(relación entre lo evadido y la posible sanción, cuanto mayor sea el diferencial más se evadirá). Entonces, para acabar o aminorar el fraude caben fundamentalmente dos opciones: que los defraudadores se sientan más presionados por la ley para aumentar así su aversión a evadir impuestos o incrementar las sanciones.

Sin duda es más simple actuar contra el fraude si no se han de cambiar leyes o normativas (cosa que habría que llevar a cabo si se decide aumentar las sanciones). El uso de la publicidad sería un mecanismo más simple y rápido para reducir el fraude fiscal porque afectaría directamente a la percepción que los defraudadores tienen de ser descubiertos. Por poner un símil: la publicidad de la Dirección General de Tráfico en muchos casos pone de manifiesto lo que le puede ocurrir a los usuarios de automóviles si exceden la velocidad permitida; todos sabemos que un accidente es peligroso pero no se percibe su gravedad de la misma manera si lo imaginamos o si lo vemos directamente con nuestros propios ojos aunque sea en un televisor. En el caso de la publicidad contra la drogadicción también se pueden encontrar ciertas similitudes al dejar en evidencia las contraprestaciones que los “beneficios” del consumo de droga producen (en el caso del fraude fiscal el ahorro de los impuestos sería el beneficio y la condena dineraria o de cárcel la contraprestación).

No cabe duda de que una buena publicidad también iría orientada a vender las virtudes de una sociedad donde el fraude es solamente residual. Pues no cabe duda de que los países con menor fraude fiscal disfrutan de economías más solventes (el caso nórdico es un buen ejemplo salvo algunas excepciones cosa que en España son poco menos que la norma).

El tema de fraude fiscal es tratado por muchos autores que citan diferentes motivos “menores” que conducen a la evasión, por ejemplo: la percepción de la justicia del sistema fiscal, el número de conocidos que evaden, el sentimiento de solidaridad social, la percepción de los servicios públicos, eficiencia y honestidad en la Administración Pública, ejemplaridad de líderes políticos y sociales. Todos ellos se pueden potenciar mediante el uso de la publicidad (y algunos de ellos quizá con modificaciones en las sanciones).

El pago de impuestos es beneficioso para el conjunto de la sociedad, siempre que sean bien gestionados. Se ha de acabar con la “costumbre” española de evadir y con la impunidad social de aquellos que infringen la ley. El fraude fiscal no es picaresca, es robar.

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