Aumentar los impuestos sobre los bienes de lujo ¿Quién lo paga?

Determinadas políticas económicas, en muchas ocasiones, provocan lo contrario de lo esperado. Y en el caso de los impuestos sobre bienes de lujo, las consecuencias recaen más sobre las clases medias que sobre los colectivos con alto nivel adquisitivo, a pesar de que parezca una contradicción. En 1990, en Estados Unidos se dieron buena cuenta de ello.

Hace ya 20 años, el Congreso de los Estados Unidos decidió aumentar el gravamen sobre algunos bienes de lujo como los aviones privados, yates, abrigos de piel, joyas, etc. con el fin de aumentar la recaudación a costa de aquellos que más recursos económicos tenían. Pero tras la aplicación del impuesto se dieron cuenta de que la medida fue contraproducente para la economía del país y más concretamente para las clases trabajadoras de rentas medias.

La demanda de bienes de lujo es muy elástica, es decir, si varía su precio fácilmente variará su demanda (un aumento del precio conllevará una menor demanda del bien en cuestión) pero la oferta no es tan elástica (una fábrica de aviones privados no puede dedicarse en un corto periodo de tiempo a construir otros productos) por lo que una reducción del consumo de aviones privados repercutirá al final en una menor producción, cosa que acabarán pagando los empleados de la empresa constructora mediante despidos o reducciones salariales mientras que las personas de rentas altas dedicarán su renta, en vez de en comprar aviones, en otras cosas (que no obligatoriamente han de compensar las distorsiones que crea el impuesto en otros sectores).

La carrera de esta medida llegó hasta 1993, año en que fue derogada por el Congreso tras las peticiones de retirada por parte de los fabricantes de bienes de lujo que demostraron las dificultades por las que estaban pasando.

Las medidas de política fiscal, aunque aparentemente sus consecuencias sean evidentes, crean distorsiones en el equilibrio entre la oferta y la demanda, entre el productor y el consumidor. En la mayoría de ocasiones, gravar un bien o un conjunto de bienes de características similares, provoca distorsiones negativas no sólo en ese o esos bienes, sino en muchos otros que mantienen una relación indirecta con ellos. Es sabido que los impuestos crean distorsiones pero, al menos por el momento, no queda más remedio que aplicarlos, eso sí, con buen criterio y dejando de lado medidas, como la explicada anteriormente, meramente populistas.

Idea extraída de :

N. Gregory Mankiw “Principios de economía”

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  1. #1 por diego el marzo 11, 2010 - 4:05 pm

    yo puenso que debe de existir el impuesto… pero que sea cabal respecto del Insumo de manera tal que no repercuta en desempleo u otros efectos… (Tal vez suena demasiado de los hermanos Grimm)

    Pero pienso que es posible… solo hay que saber lograrlo.

    que estes muy bien, bendiciones

    Au revoir & Adio

  2. #2 por Marcos el marzo 11, 2010 - 10:54 pm

    Ahí lo has clavado, César.

    No sé si esa medida era populista (muy probablemente sí). Habría que ver quién la propuso, y por qué.

    Y efectivamente, no es sólo el daño Lafferiano a la actividad, que frena fuertemente la actividad del mercado gravado, sino bastantes más efectos, como la señal a los mercados (a la población entera) de que ser rico y próspero es algo “sancionable” o punible. Eso provoca desorientación de incentivos en los nuevos futuros emprendedores, éxodo (proporcionado) de los existentes, y caída de inmigración de talento.
    No es fácil de medir, pero se hacen en ocasiones mediciones. Y es una regla de 3 automática que no falla: tanto sangras la economía, tanto abandonan los que empujan. Tanto la dejas libre, tanto vienen a tirar de tu carro.

    En Venezuela, por ejemplo, yo creo que no queda ni un empresario talentoso por voluntad propia, salvo por ataduras de imposibilidad de liquidar e irse. Y hablo no sólo a nivel estadístico, sino de hablar con ellos.
    Desde hace ya varios años.
    Y lo mismo en Argentina. Ambos países que tenían mucho talento, y ahora tras el éxodo de talento emprendedor, se ha quedado básicamente la masa de tarugos, echando las culpas a la alineación de los astros de su miseria y calamidad de sociedad.

    —————–

    A diego de aquí encima comentarle sin ánimo de ser áspero, que lo que tú piensas (que sí debería existir el impuesto) es, multiplicado por varios millones de personas, lo que hace que entre otras muchas cosas, España tenga un paro >20%.

    Pensar eso, provoca votar erróneamente. Y eso provoca que ahora rija un partido socialista obrero en España en pleno siglo 21. Movimientos ésos delirantes de mitad del siglo pasado. Y gracias que se reprimen por el pacto de no derogación en la alternancia, y por algo parecido respeto a las minorías. Porque si por ellos fuera, seríamos todos funcionarios como Cuba, porque eso es el socialismo. Y Zapatero se pasearía por la Castellana diciendo “ese edificio tan bonito hay que recuperarlo para honrar la Historia de España, ¡exprópiese! Sr. Alcalde, exprópiese”.

    Tal vez no veas la cadena de causalidades, pero es así. Mucha gente veo que opina con incomprensible convicción sobre temas técnicos de economía como si la economía fuera una cuestión obvia e inmediata, o cuestión de preferencias. Y a mí más bien me suena a recetar quimioterapa sin ser médico.

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